“Yo soy el pan vivo, bajado del cielo . . . El que come mi carne y bebe mi
sangre, tiene vida eterna” (Jn 6, 51, 54).

 

Comunión Espiritual: “Jesós mío, creo que estás realmente presente en el
Santísimo Sacramento.  Te amo sobre todas las cosas y deseo que vengas a mi alma. 
No pudiendo recibirte ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a
mi corazón.  Como si ya hubieses venido, te abrazo y me uno todo a Ti; no
permitas que jamás me separe de Ti.” (San Alfonso María de Liguori)

Oración después de la Comunión: “Alma de Cristo, santifícame.  Cuerpo de
Cristo, sálvame.  Sangre de Cristo, embriágame.  Agua del costado de Cristo,
lávame.  Pasión de Cristo, confórtame.  ¡Oh buen Jesús!, óyeme.  Dentro de tus
llagas, escóndeme.  No permitas que me aparte de Ti.  Del maligno enemigo,
defiéndeme.  En la hora de mi muerte, llámame.  Y mándame ir a Ti, para que con tus
santos te alabe por los siglos de los siglos.  Amén.”  (San Ignacio de Loyola)

“Porque  esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea
en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día” (Jn 6, 40).

“Eterno Hijo del Dios vivo, a quien ahora confieso ¡que estás realmente
presente!  Te adoro con toda la fuerza de mi alma.  Con los ángeles, postrado ante
Ti en la más profunda reverencia, ¡te amo, oh mi Salvador, a quien hoy
contemplo en el trono de Tu amor!” (San Basilio, el Grande)
  


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Jesucristo, “El pan de Vida” icono por Victoria Schneider, © 2003.  

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